miércoles, 24 de junio de 2015

Renaciendo a la vida


Este año 2015 está suponiendo un revulsivo muy importante en mi forma de pensar, de sentir, de comprender la vida. Siento que estoy ante un nuevo comienzo, ante un nuevo nacimiento, soltando lastre, sanando heridas, abriéndome a nuevas experiencias, a nuevas amistades y sobre todo, madurando como mujer, como madre, como pareja.

A medida que me deshago de lo añejo, noto cómo me voy abriendo a lo nuevo y cómo voy adquiriendo valor y fuerza para transitar por caminos que nunca hubiera imagina que existían. 

Ahora, llegado el verano, el sol, el mar, el viento, la naturaleza, me llaman y me piden que durante un tiempo, deje de lado el teclado. Me llevaré mi cuaderno y mi bolígrafo para anotar aquellas ideas y reflexiones que siempre rondan por mi mente, pero, durante unas cuantas semanas, me desconectaré de la letra digital.

Ha llegado el tiempo de parar para asimilar, para sentir, para proyectar, para nutrirme.

Volveré dentro de unas semanas con las fuerzas renovadas, con una miríada de letras, ideas por contar, por comunicar.


Hasta pronto,

Con cariño,

Elena Mayorga


Pintura: Leonor de Aquitania por Kinuko Y. Craft

viernes, 22 de mayo de 2015

¿Cómo liberarnos de nuestro cansancio, de nuestra fatiga emocional?

Cuando no nos encontramos emocionalmente bien, cuando sentimos desequilibrio, nos hallamos sin fuerza, sin anhelos, físicamente cansados y fatigados emocionalmente.

Además, parecemos estáticos, no tenemos ganas de emprender, de cambiar, por lo que para evitar todo movimiento, nos refugiamos en rutinas en las que nos sentimos cómodos, protegidos, pero que no disfrutamos. Trabajamos, comemos, nos vestimos, conducimos, encendemos la tabletas, el ordenador, la tele y las horas se pasan, por inercia, sin que hallamos sido conscientes de nuestras acciones, de nuestro vivir.

Cuando sentimos fatiga emocional, una de las consecuencias directas es que perdemos nuestro centro, nuestro poder de decisión sobre nuestras vidas, dejando que desde el exterior nos impongan cómo debemos vivir.

¿Cuándo comenzó esta desconexión con nuestro centro, con nuestros anhelos esenciales?

¿Cuándo nos fue arrebatado el poder de decisión sobre nuestras vidas?

Tal vez, todo comenzó en una infancia llena de restricciones, de órdenes, de castigos. De coacciones que te obligaban a quedarte quieta, a no hacer ruido, a no moverte. 

Órdenes que aún hoy en día siguen vigentes.

Órdenes, que seguimos obedeciendo, ciegamente, a pesar de los largos años transcurridos desde que nos fueron impuestas.
Órdenes, que carecen de sentido, pero que tenemos tan grabadas en nuestro inconsciente que somos incapaces de revelarnos ante ellas.
Órdenes, que las más de las veces, nos fueron dadas por las personas que más amábamos, por las personas en las que confiábamos tan ciegamente, que era imposible que se estuvieran equivocando (aunque en nuestro fuero interno sentíamos que estaban siendo injustas, violentas, excesivas).

Ellos nos ordenaron y a fuerza de castigos, de coacciones, acabamos perdiendo no sólo la seguridad en nosotros, sino la confianza. La imagen que teníamos sobre nosotros quebró y comenzamos a dudar de nuestra valía. Pensamos que estábamos equivocados. Pensamos que fallábamos a las personas que nos amaban. Pensábamos que no valíamos para nada, que teníamos pensamientos falsos que debíamos borrar y dejar paso a los que nos decían que eran correctos.

En esos momentos, tras un largo proceso de pérdida de identidad, nos quebramos, nos perdimos a nosotros mismos. La conexión con nuestro esencia, con nuestro centro, desapareció y pasamos a vivir a merced del exterior.

En esos momentos, comenzó a gestarse esa fatiga emocional y física que ahora nos acompaña, que nos adormece, que nos deja amodorrados en el sillón sin ganas de movernos, de crear, de imaginar, de proyectar cambios en nuestra vida.

En nuestra infancia, entramos en un círculo de fatiga y desinterés del que tenemos que escapar.

Recuperemos esas palabras que nos ataron y rompamos su fuerza, cortemos las cadenas, deshagámonos de ellas.
Recuperemos la conexión con nuestra esencia, con nuestro centro que antaño teníamos y abandonemos la angustia, el cansancio.

Recuperemos la confianza en nosotros mismos, en nuestras ideas, en nuestros pensamientos.

Nosotros, desde nuestro centro, desde nuestro interior, somos los que tomamos las decisiones sobre nuestras vidas. No dejes que palabras del pasado te sigan teniendo anclado a ellas. 

Toma el poder sobre tu vida. 
Recupera tu fuerza, tu energía. 
Date permiso para moverte, para actuar, para Vivir.


Texto: Elena Mayorga


Fotografía: Maggie Taylor http://maggietaylor.com/

jueves, 9 de abril de 2015

¿Podemos ser felices por nosotros mismos?

La calidad de nuestras relaciones, sobre todo en los primeros años de vida, marcan no sólo nuestro presente, sino también nuestro futuro (vínculo, apego, empatía). Pero, esto no significa que debamos depender del exterior para ser felices. Esperar a que la felicidad nos llegue de fuera hacia dentro es sinónimo de no llegar a ser nunca felices. La felicidad real, no a retazos, se alcanza cuando nace desde nuestro interior, cuando nos sentimos centrados, serenos, equilibrados, seguros. Serenidad, equilibrio, seguridad, que luego compartiremos de forma altruista con las personas de nuestro alrededor.

Sin embargo, si la felicidad no nace de nuestro interior, si no nos sentimos serenos, si arrastramos carencias, traumas, desequilibrio, si depositamos nuestras esperanzas en el exterior, nunca llegaremos a sentirnos en armonía con la vida.

Cuando somos bebés, cuando somos niños y vamos desarrollándonos en libertad, recibimos, desde luego, nutrientes desde el exterior, el apego, el vínculo, el Amor. Pero, al igual que las semillas regadas por el agua de lluvia, crecemos, nos desarrollamos y somos felices, desde nuestro interior. Nuestros sentimientos, emociones, sensaciones se manifiestan de dentro hacia afuera, se comparten de dentro hacia afuera.

Sin embargo, cuando el apego es inseguro, los vínculos débiles y el Amor no es el suficiente, es cuando, desesperados, buscamos los nutrientes que nos faltan (y volcamos nuestra felicidad) en el exterior. Cuando No hemos crecido en libertad, nuestro desarrollo se ha visto mermado y se nos ha impedido madurar a nuestro ritmo, nuestra brújula interna se vuelve loca y perdemos nuestro centro, nuestra capacidad de ser felices por nosotros mismos. Buscamos entonces la felicidad fuera, anhelamos nuestros nutrientes esenciales, creamos relaciones externas basadas en dependencias, en sometimientos y no en un intercambio desinteresado y altruista de Amor.

Hasta que no volvamos a encontrar nuestro centro, hasta que no comprendamos que la felicidad crece dentro de cada ser humano, no lograremos reencontrarnos con nuestro equilibrio, con nuestra seguridad, con nuestra felicidad.


Elena Mayorga

Pintura: Head to Heart, Joyce Huntington.

Para conocer más sobre su obra: http://www.joycehuntingtonart.com/

martes, 24 de marzo de 2015

Preocupaciones


Nos pasamos la vida preocupados y se nos olvida disfrutar del momento. Pensamos en el pasado, en lo que sucedió. Planeamos el futuro, lo que pasará.

Nos preocupamos.

Nos preocupamos en exceso, ocupamos la mente en dialogo continuo entre el fue y el será y se nos olvida el presente.

Ese diálogo nos agobia, nos agota y hace que nos perdamos el hoy.

Céntrate, respira profundamente, fija tu atención en lo que estás haciendo ahora mismo. Detén la vista en la siguiente frase:


Vives en el presente”


Recuerda, el pasado se fue, el futuro, ni siquiera sabemos si será.

Tú vives ahora.
Disfruta del ahora.
Siente el momento.
Concéntrate en tu presente.


Elena Mayorga

Pintura: Irina Vitalievna Karkabi. Puedes leer más información sobre Irina y su arte en en el siguiente enlace:

martes, 17 de marzo de 2015

Retazos de vida

La vida no se compone de la suma de grandes momentos, de eventos espectaculares y emocionalmente intensos. Desde luego, estos momentos suponen hitos importantes para nosotros, pero, nuestras vidas, las reales, las cotidianas, se forjan por la sucesión de pequeños eventos cotidianos: levantarnos, coger un vaso, beber agua, observar nuestro rostro en el espejo, pasear, el lejano ladrido de un perro, un teléfono que suena, un coche que pasa delante de nuestra ventana, encender el ordenador, preparar la comida, abrazar a nuestros seres queridos.

Solemos vivir estos instantes cotidianos de forma automática, sin darles importancia, sin apreciarlos, sin detenernos a observarlos, corriendo entre momento y momento, centrados únicamente en esperar esos acontecimientos espectaculares que nos producen una descarga de felicidad, de adrenalina, a las que somos adictos. Sin embargo, esta felicidad es breve, huidiza, y en cuestión de segundos, se desliza entre nuestros dedos y desaparece.

Desdeñamos los instantes de luz de nuestro día a día y nos dejamos deslumbrar por los breves fogonazos de dicha a los que hemos asimilado con la felicidad.

Observemos a nuestros hijos. Ellos, se detienen continuamente, fijan los momentos, viven y disfrutan cada instante sabiendo que cada uno de ellos es único: una mariquita que se ha posado en un escalón, un perrito que lleva vestido, una nube que parece una tortuga, el remolino de agua de la bañera, la galleta con trocitos de chocolate, las cosquillas de mamá, el abrazo de papá.

Los niños son conscientes de que la felicidad está en todas partes, en nuestro día a día, en los acontecimientos más humildes y sencillos. Nosotros, sin embargo, hemos pedido nuestra capacidad de asombro, de disfrute de lo cotidiano. Tenemos que recuperarla y abrazar nuestra felicidad, ella, aunque no lo creamos, está al alcance de todas las manos.

Día a día, minuto a minuto, podemos concentrarnos, fijarnos en o que estamos haciendo, disfrutar de los momentos.

Al centrar nuestra atención en nuestra cotidianidad y en disfrutar de ella, podemos también ir introduciendo cambios en nuestras vidas. Nos fijamos en lo cada paso que damos, en cómo lo damos, en las emociones que nos produce. ¿Queremos que nuestros instantes de vida sigan igual? o ¿Queremos introducir cambios para que sean aún más satisfactorios, para que se amolden más a nuestro disfrute?

Tal vez, beber agua con el primer vaso que pilláramos estaba bien antes, cuando íbamos corriendo. Ahora, sin embargo, preferimos coger un vaso bello, decorado con flores, con rallas de colores, servir el agua despacio, observar el ruido que hace al caer, disfrutar del contacto con nuestros labios, de la sensación del agua en nuestra boca.

Tal vez, trotar de un lado para el otro para llegar a tiempo a los sitios, antes no nos importaba. Pero ahora, nos puede apetecer caminar de forma consciente. Salir con tiempo, fijarnos en nuestra respiración, en la vida que nos rodea, en los árboles, en las otras personas, regalarles una sonrisa, cruzar unas palabras con la anciana del quiosco, detenernos a observar ese precioso edificio, esa nube con forma de tortuga, la brisa rozando nuestro rostro.

Podemos encontrar la vida, la felicidad, en todas partes, en nuestro día a día, en los acontecimientos más humildes y sencillos. La vida es Un todo, no se compone de retazos dispersos en el tiempo.

Elena Mayorga


jueves, 12 de marzo de 2015

Los fantasmas existen


Aunque haya podido chocarte el título de este artículo, déjame aclararte que en él no vamos a hablar ni de fantasmas, ni de ánimas, ni de nada relacionado con lo esotérico. En este escrito, trataremos de otro tipo de fantasmas, de nuestros propios fantasmas, de los interiores, de esas imágenes y/o palabras del pasado que se nos aparecen arrastrando tras ellas personas, recuerdos, emociones, sensaciones negativas, que nos afectan, asustan y condicionan nuestra vida actual.

Estos fantasmas personales, interiores, se nos presentan para retrotraernos al pasado. Al igual que los temidos espíritus errantes de los cuentos, algunos de estos fantasmas internos acarrean sensaciones, patrones de comportamiento, mandatos, que en el momento de su aparición nos hacen albergar fortísimos sentimientos de ansiedad, de miedo, de terror que nos anulan y nos paralizan.

Veamos unos cuantos ejemplos:

-”La culpa es tuya”, me espetaba siempre mi madre ante cualquier problema. Hoy en día, siempre, ante cualquier situación, me siento culpable, esas palabras aparecen para condenarme.

-”No toques nada. No hagas ruido. No molestes”. Papá siempre tenía cosas importantes que hacer, yo era insignificante para él. Sigo sin sentirme importante para nadie, esa falta de atención me persigue aún, en las reuniones de trabajo, en las citas, siempre pienso que nadie me hace caso, que no soy interesante.

-”Tu primo es mucho más listo que tú, será alguien en la vida, tú no”, me decía mi abuelo con odio, el mismo odio que sentía por mi madre, una nuera que se había negado a vivir la vida como él le decía y se había divorciado de su hijo. Esas palabras me hirieron y aún hoy me persiguen, se presentan ante mí en las reuniones familiares, me asustan, me voltean.

-”Tienes que adelgazar, así no te va a querer ningún chico” me decían mis amigas del instituto. No me gusta mi cuerpo me desagrada, cada vez que comienzo a estar bien conmigo misma, surgen esas palabras para decirme lo horrible que soy.


Estos son unos cuantos ejemplos de esos fantasmas que vuelven una y otra vez desde nuestro pasado para ahogarnos, para condicionar nuestro presente de forma negativa, para anularnos y paralizarnos.

Sin embargo, si echamos la vista atrás, si buscamos el origen de estos fantasmas, podemos percatarnos, como hemos visto brevemente en los ejemplos, que la información y los mensajes que nos traen son falsos. Cuando éramos pequeños, adolescentes, jóvenes, vulnerables, fueron pronunciadas unas palabras, muchas veces repetidas, que nos hicieron vernos y pensarnos como realmente no éramos. En aquellos momentos, y cuando vuelven a aparecer nuestros fantasmas, nos creamos (y nos creemos) una imagen de nosotros mismos que no es la real. Nos creamos (y creemos) una imagen falsa de nosotros.

Ha llegado el momento de hacernos conscientes de cómo somos en realidad.
Ha llegado el momento de dejar nuestros fantasmas en su tiempo, de enfrentarnos a ellos, a las personas que los crearon.
Ha llegado el momento de asumir el aprendizaje que sobre nosotros mismos nos traen. Ha llegado el momento de no esperar a que se nos aparezcan, de ir a enfrentarnos directamente a ellos, a todo lo que suponen, al miedo que arrastran tras de sí.

Ha llegado el momento de liberarnos.
¿Cómo hacerlo?

Reconozco que es un trabajo arduo, complicado...sin embargo, se puede hacer.

Podemos empezar, cuando lleguen estos pensamientos, estos mandatos, estos fantasmas, por mirarles directamente a los ojos y decirles que mienten, que la imagen que traen tuya es falsa.

Te dejo unas cuantas preguntas para enfrentarte a ellos cuando se te aparezcan:


¿Cuándo aparecen esos fantasmas en tu vida? Identifica las situaciones que provocan su manifestación.

Enfréntate a esas palabras, a esos recuerdos, diles que mienten.

¿Te conoces sin las palabras pronunciadas por esos fantasmas? Busca tu verdadera imagen.

¿Estás haciendo en la vida lo que de verdad quieres?

¿Conoces tus verdaderos gustos, deseos?

¿Te gustas?

¿Te Amas?


Elena Mayorga


domingo, 15 de febrero de 2015

La sorpresa


Cada cuento, cada poema nos ofrece un mundo de posibilidades para disfrutar de la compañía de nuestros pequeños, para crear con ellos, para imaginar, para crecer, para vincularnos con Amor, respeto, dulzura, serenidad.

Hoy os traigo un pequeño poema para que disfrutéis de un ratito de lectura/juego/diversión junto a vuestr@s pequeñ@s. Podéis leerlo juntos, ilustrarlo, continuar la historia, pensar qué estaban haciendo en la rama el pájaro y la arañita, representar el poema en una pequeña obra de teatro, inventar un baile, etc.


La sorpresa 

Una arañita feliz,
 colgaba de un árbol.
Un pájaro feliz,
piaba en un árbol.
Se vieron,
se sorprendieron,
se observaron,
se miraron,
se rieron
y
se fueron.

Autora: ©Elena Mayorga
Ilustración: ©Elina Ellis, puedes ver más de su obra en este enlace http://elinaellis.blogspot.com.es/
 
Si quieres compartir el poema en tu blog, en tu revista, en tu página de Facebook, por favor, no olvides nombrarme como su autora y enlazar mi página. ¡¡Muchas gracias por tu apoyo!!